viernes, noviembre 20, 2009

kanashibari no jutsu

[Fok-Hiu es el que interrumpe y dice:]



pájaros vuelan
sobre la cúpula de metal
avión pasa
entre las copas de los árboles

sentado inmóvil sólo veo

el pájaro vuela
dentro del pájaro

miércoles, noviembre 18, 2009

Fragmentos argentinos redux (Águila 3)

12 de julio

Hay días en los que el desorden del mundo se hace tan evidente y tan incontrolable que se toma conciencia de la imposibilidad de establecer un orden. Hoy ha sido uno de esos días. Hice lo que hago siempre: acomodo con paciencia espacios reducidos, por ejemplo mi escritorio. Los papeles y las cartas, amontonados y confusos. Las manchas oscuras de tinta sobre la madera oscura. Los cajones llenos de objetos inservibles. Y, de pronto, lo que da sentido a este orden menor, lo que religa mi escritorio con el mundo: los gemelos de oro de mi padre, ya dados por perdidos, en un sobre minúsculo, ocultos debajo de una chapa de madera en uno de los cajones, vuelven a mí. Junto con el triste recuerdo del momento en que los recibí.


14 de julio

Hoy me desperté hacia las cuatro y media de la mañana y hasta las cinco y media estuve escuchando las campanadas del reloj de la torre de la iglesia. Eran como el eco del lamento de un animal extinguido, a partir de cuyos huesos reconstruimos una religión que ya no es. La iglesia semeja un fósil, su estructura imperfecta nos recuerda el tiempo en que ni siquiera era necesaria para cumplir una función que ahora nos obliga a adorar.
Cerca del mediodía, en la penumbra fresca de la sala, amodorrado, escucho el tic-tac del reloj, y la crepitación de la radio que trae noticias de otros países. Cantidades enormes de presagios nefastos que me despiertan, me dejan melancólico y sin ganas de trabajar en los ciruelos.

15 de julio

La casa es una cajita que nos guarda. El granizo que cayó de noche estropeó casi toda la fruta. Nosotros estuvimos protegidos, pero la huerta quedó hecha un desastre. Hay que volver a hacer el trabajo todo de nuevo, desde el principio. El almendro perdió sus flores; a la mañana aparecieron en el suelo, como una camisita color rosa.
¿Qué quiere Ilse? Hemos estado solos en el bosquecito. La claridad con que ya veo mi situación me ha vuelto audaz. Ella me dejó hacer. Nos quedamos dormidos en el pasto húmedo, muy cerca de un fangal. El calor del sol sobre mi espalda me despertó. Ilse dormía bocarriba. Una mosca se posó en su cara y caminó hasta la nariz. Sus hoyuelos dorados, la frescura de sus mejillas, todo estaba opacado por la pálida sombra del cedro. ¿Cómo ha podido ocurrir esto, pensé, a no ser para que me sirva de lección? Sí, y luego: la vida es una larga preparación para la muerte.

18 de julio

Hoy he ido a visitar al señor J. Tomamos un café extraño, con especias, debajo de las hayas. Luego hemos ido caminando a un lugar pantanoso. Intenté, infructuosamente, pedirle consejo acerca de mis asuntos. Entiendo que él comparte mis penurias y comprendió la situación en la que me encuentro. Me fue muy difícil quebrar la coraza que hace incomunicables nuestras pesadumbres, siendo tan fácil comunicar la alegría. Me ofreció algunas razones, pero ninguna me es de ayuda; los tiempos que corren hacen que ni siquiera los aliados en espíritu encuentren sosiego entre sí. El lazo solidario que hasta hace poco nos unía se ha roto, nos ha dejado distantes unos de otros. La intención de los infames se ve cumplida enteramente, ninguna ayuda podemos esperar.
Vivir dentro de la esfera de la conciencia y pensar continuamente en la situación en la que me encuentro hace más difícil darme a conocer a los otros. Como caminar por un desfiladero estrecho y funesto del que sólo tenemos la promesa de la salida.
Al volver a casa en bicicleta vi salir a tío Ignatius de la casa del señor Lohne. Se dijeron las últimas palabras debajo del pórtico de piedra, susurrando como dos conspiradores. Ellos lucharon juntos en la Gran Guerra. Creo que quieren otra, sólo por revancha.
Ahora tengo que hacer un gran esfuerzo por encender la luz y colocar una nueva pluma. La anterior se ha quebrado y se ha doblado; se asemeja al pico de un ave de rapiña.

20 de julio

He soñado que es de noche y estoy en mi cama (mi cama tenía los pies hacia la ventana, y frente a la ventana había una hilera de viejos nogales. Sé que era invierno cuando soñé, y de noche.) De repente, la ventana se abre sola y veo con gran temor que sobre el nogal grande que da frente a la ventana hay unas cuantas serpientes lanceoladas. Eran seis o siete. Las serpientes parecían más bien como lagartos, pero sin patas. Presa de gran angustia, evidentemente de ser devorado por las serpientes, rompo a gritar y me despierto. Tengo cuatro años y mi padre no está, lo llamo y no me responde, rompo a gritar y me despierto.
El calor entra por la ventana. Los lémures insomnes vagan por el campo, caminan por las vías del tren, se entretienen en las huertas. Al levantar la vista del cuaderno y ver la inmensidad de los campos tengo la idea de que cada ser humano es un universo con sus propias leyes; a pesar de convivir años y años con las mismas personas, a quienes amamos, se nos revelan en ellas abismos que desconocíamos. Muchas veces, somos extraños para nosotros mismos.
La noche se alarga sin fin.

21 de julio

Por la tarde, después de almorzar, oí voces de radio de las que creí sacar en limpio que las cosas se arreglarían rápida y felizmente. Me quedé dormido pensando en cómo pasaría el otoño en casa. Me desperté con el estruendo que unos aviones hicieron al atravesar mi sueño. Los sueños nunca mienten. Los augurios de paz azuzan los deseos de la mayoría ignorante: vamos a darles una lección, he escuchado decir a tío Ignatius muchas veces, justamente cuando piensen que nada va a pasar.

28 de julio

Carta de tío Friedrich. Su tono se ha vuelto sombrío: "Quien no ha muerto joven, merece morir." Parece que estamos todos en el fondo de un infierno, cada instante del cual es un milagro.

2 de agosto

En estos días he pensado mucho en la muerte. En mi muerte. ¿Por qué no me mato? Si supiese exactamente lo que me lo impide, no tendría más preguntas que hacerme puesto que habría respondido todas. Quid est veritas?, le pregunta Pilatos a Jesús, ¿qué es la verdad?. Al borde de la muerte, ¿qué es la verdad? se pregunta uno a sí mismo. La muerte, sin duda, es la máxima verdad, pero ¿qué es la muerte, en realidad? El gran sí, como si la muerte sólo pudiera ser atravesada con una afirmación en los labios, sin desear nunca que la gran pregunta sea respondida. O, a lo sumo, que sea respondida con mixtificaciones.
Vanidad de vanidades, todo es vanidad. Incluso este diario inverosímil.

5 de agosto

Me siento cansado. No tengo ganas de hacer nada, ni siquiera de escribir. Y sin embargo escribo que no tengo ganas de escribir.

lunes, noviembre 16, 2009

Fragmentos argentinos redux (Águila 2)

16 de junio

Hoy he visto una nube abigarrada de mariposas multicolores volando a través del bosquecito. Casi pensé que era un sueño porque un extraño sentimiento de absurda confianza se apoderó de mí, cosa que casi nunca ocurre durante la vigilia. ¿Por qué esta alegría sorda y profunda, fundamental, que surge en las venas y en la garganta de alguien que casi puede ver su futuro adverso? Hay un solo placer, el de estar vivo, todo el resto es miseria.
Ya no escucho a tío Ignatius. Sus labios se mueven delante de mis ojos pero ningún sonido llega a mis oídos. Las lecciones no se dan, se toman.

18 de junio

En al armario del comedor, apoyada en la tetera de plata, hoy al mediodía me esperaba una carta de tío Friedrich desde Italia. Me cuenta sus viajes en abigarrados compartimentos de vagones de tren, los padecimientos con el idioma, del cual me da unas muestras graciosas, las costumbres insólitas de ese pueblo mediterráneo y salvaje.
Lo extraño un poco. Le contesté inmediatamente. Repetí la promesa, ya cada vez más incierta, de reunirme con él en el otoño. Mientras escribía la carta pensaba en Ilse. ¿Qué será de ella en estos tiempos? La gran tarea de la vida parece ser justificarse. Yo lo estoy haciendo de antemano.
El ciprés y la casa sobre el borde de la colina, oscuros contra el cielo rojo, al levantar la vista del papel, llenaron, con su incendio imaginario, mi alma de aprensiones. El poso de lo que vendrá se deposita, ya negro, en el fondo de mi ser. Terminé la carta como en un sueño, intentando mentir lo menos posible, sabiendo que escribo con cierta pasión, y seré leído con cierta ironía. Como Voltaire leyendo a Pascal.

24 de junio

Me siento desamparado. Pero, ¿por quién?, si, en realidad, nadie me ha amparado nunca; en ningún momento de mi vida sentí que alguien me rodeara con su comprensión. Estoy desamparado de mí mismo. Me estoy abandonando. Me dejo caer la piel gastada de una época que loquea.
Hoy terminé de leer Rojo y Negro y no llego a comprender por qué Julián Sorel dice "merezco la muerte, y la espero". Su muerte es una especie de suicidio, ejecutado por la ley. No ha estado a la altura de su destino, y allí está todo el drama.
No un deseo, sino una necesidad que se transforma en virtud.

25 de junio

El camino hacia el pueblo pasa cerca de la casa de Ernest. Me desvié para ir a verlo y conversar un rato con él. Dejé la bicicleta apoyada en el portal pintado de blanco y levanté la vista hacia su habitación. Ernest estaba parado frente al gran espejo de su armario, vestido con el uniforme gris y el pelo recién cortado. Visto desde abajo parecía más grande de lo que en realidad es. Me paré un instante, curioso. Hacía gestos mecánicos, como recién aprendidos. Se alejaba del espejo y levantaba la mano derecha con un movimiento violento; parecía que estaba abofeteando a alguien. Recogió de la cama el sombrero, que yo no había visto, y se lo caló muchas veces, ladeado en diferentes ángulos, hasta que uno lo satisfizo, y así se acercó hasta unos centímetros del espejo, sonriendo. De pronto su cara se contrajo con furia. Se dirigió a sí mismo una mirada de muerte. Volví sobre mis pasos, subí a la bicicleta y me fui a casa. Tuve que reprimir algunas lágrimas. La garganta me picaba.
Después discutí con tío Ignatius. Los remordimientos incitan a morder.

26 de junio

Hoy he leído en la Biblia: El sabio tiene sus ojos en su cabeza, mas el necio anda en tinieblas; pero también entendí yo que un mismo suceso acontecerá al uno como al otro.
Las moscas revoloteaban sobre los membrillos reventados en el suelo. El bochorno de la tarde hacía que los pensamientos anduvieran con paso cansado.
Cómo romper con la soledad, cómo comunicarse con otros. En la desventura máxima de la soledad me encuentro con el supremo consuelo de la plegaria, que es el desahogo con un amigo que no falla: Dios. Aunque la mayor parte del tiempo esté solo, es extraño que piense que deba estar mejor comunicándome con otro, a quien le pido lo que ya tengo en mí. Es como si quisiera volver a tenerme en otro. Y además está el deseo de mujeres, que dejo aparte.
Cuando volví de la huerta, mamá me miró con extrañeza. Me lavé las manos, y empecé a poner los platos sobre el mantel bordado de flores. Tío Ignatius entró con la pipa apagada en la boca, leyendo reconcentrado el periódico. Cuando levantó la vista y se fijó en mí, la mirada también fue extraña. Comimos en silencio. El aire quieto y caliente traía, de tanto en tanto, el traqueteo de los carros yendo hacia la feria.

1º de Julio

Otra carta de tío Friedrich: "He llegado hasta el límite, he llegado hasta la orilla del mar, por así decirlo; ¿me hago infiel a mí mismo si no quiero saltar dentro de las olas?". Nunca le falta a nadie una buena razón para matarse, sin embargo hay quienes van por la vida buscando, desesperados, esa razón insensata. Creo que tío Friedrich es uno de ellos y como ahora está solo, en un país extraño, sin fe, se siente desarraigado. Pero todo tiene remedio.
Hoy, aunque ya es un poco tarde, me puse a plantar guisantes, lechugas, zanahorias, cebollas. El trabajo me ha puesto súbitamente triste, mientras veía chispear las semillas bajo el sol abrasador, pensando que pronto tendría que cubrirlas de tierra fría y oscura.
Dormí la siesta a la sombra del cedro. Oí una voz que gritaba: "La Nada celebra su baile de máscaras", yo era un niño y la casa era la casa del abuelo, en Hannover. Papá estaba vivo, con su uniforme un poco raído, con la enorme herida en la garganta, pero vivo. Como si sólo fuera un disfraz. Yo veía pasar las copas de champaña y tomaba una, dejando caer unas gotas en la bandeja del mozo. La fiesta estaba en su apogeo. Mi padre se desprendía de un grupo grotesco de animales. Me miraba, serio y pálido, con su herida ya purulenta, como un medallón inclinado en la garganta de un borracho. Abría la boca para decirme algo pero sólo podía emitir una especie de silbido que salía del agujero en la garganta. Luego el sueño tomó otros rumbos: terminé en brazos de una hermosa mujer desnuda.
La muerte no se atreve a tocarme el hombro, hasta ahora juguetea en las sombras.

2 de Julio

Hoy huelo, con una nitidez inaudita, el perfume de las flores del tilo. La filigrana de ese olor tierno y familiar me da, ahora que la pluma se arrastra en el papel, una alegría en miniatura, tan escasa en estos días tormentosos. Por momentos pienso que la incertidumbre de la espera me va a enloquecer, y me aferro a estos mínimos momentos como el náufrago a una tabla.
Veo poco a Ilse. Hoy la evité. Quiero verla poco y no hacerla sufrir y sufrir yo mismo. Ernest, Georg y Karl ya se han ido la semana pasada. Yo sigo.
Al ir llegando a casa para el almuerzo escuché, después de mucho tiempo, cantar a mi madre un viejo canto de iglesia del que siempre adoramos su simpleza. Muchas veces lo cantamos juntos. Me alegró oírla cantar:

Desde lejos,
Señor, he divisado tu trono,
y me hubiera gustado
enviar por delante mi corazón,
y me hubiera gustado entregarte a ti,
creador de los espíritus, mi cansada vida.

Durante el almuerzo, tío Ignatius ha vuelto a parlotear sobre la "guerra inevitable que se avecina". El recuerdo de la canción de mi madre tapó su discurso pedante. Me parece increíble que la gente sea tan necia de convocar a la catástrofe como lo está haciendo. La radio trae muestras del aullido de la muerte que las multitudes inventan cuando salen a escena, tomándose su papel muy en serio, unos cuantos bufones siniestros.
Como hoy es domingo, el silencio de la tarde se ha hecho espeso bajo el sol hirviente. No pude dormir la siesta, por el calor. Luego estuve vagando por el pueblo, como un fantasma; no queda ya ningún amigo. Casi todos son mujeres, ancianos y niños, a la espera de los botes que los salven del naufragio. Tuve un fuerte sentimiento de culpa. Me volví a casa corriendo. Casi atropello una gallina.

10 de julio

El deseo de escribir me abandona. ¿Para qué escribo?
La cosa más secretamente temida sucede siempre.

viernes, noviembre 13, 2009

Fragmentos argentinos redux (Águila 1)

“ Siempre de regreso
en los caminos del tiempo,
no adelantaremos ni atrasaremos:
tarde es temprano, cerca lejos.”

Maurice Blanchot


“Sin embargo, te agradezco desde el fondo de mi corazón
la desesperación que me causas
y aborrezco la tranquilidad con que vivía antes de conocerte.
Adiós. Mi pasión crece a cada instante.”

Sor Mariana Alcoforado



ÁGUILA


7 de Junio

Recuerdo lo que soñé: le daba de comer con la mano a una serpiente. Al terminar, me lamía la palma como un perro y yo me extrañaba que su lengua no fuera bífida. Inmediatamente empezaba a enroscarse con suavidad en mi brazo. Al llegar al cuello la presión se hacía más fuerte hasta que el ahogo me hizo despertar. El calor que entraba por la ventana terminó por despabilarme. Tardé un rato en volver a dormirme. Mucho calor. De día, el sueño no me abandonó. Mientras trabajaba en los membrillares y los ciruelos la serpiente volvió a apretar en el cuello. El señor Lohne cree que yo ya debería haber sido llamado a filas. La serpiente es el recuerdo de las palabras del señor Lohne.
Hice una siesta en el bosquecito. Me desperté con miedo de encontrarme con la serpiente. A la noche sólo pude comer una compota que hizo mamá al mediodía. Ahora tengo la ventana abierta. Hace mucho calor. Las estrellas brillan en el cielo. No se mueve ni una hoja. Sólo escucho el rasgar de la pluma en el cuaderno. Y algunos grillos a lo lejos, entre los árboles.

9 de Junio

Una buena guerra santifica todas las causas, ha dicho hoy tío Ignatius durante el desayuno. El silencio se apoderó de la sala, excepto por el tic-tac del reloj. Sus afirmaciones son cada vez más repugnantes a mi razón.
A la mañana vi que alguien había cortado una rama del cedro grande. Al recostarme en su tronco olía como a pepinos frescos. Me di vuelta y del tajo mal hecho manaba la savia color ámbar.
Más tarde vi a Karl, Ernest y Georg en la plaza, hablando cabizbajos. Me fui por la calle de la velita. No quise escuchar las ideas absurdas que siempre tienen cuando se juntan.
A la vuelta del pueblo me encontré con tío Ignatius y mamá discutiendo en la cocina. Ekatherine, escucho que dice mi tío, tu hijo ya es un hombre y debe cumplir con su deber. Hice un poco de ruido en el vestíbulo y cuando llegué a la cocina Tío Ignatius estaba tomando un vaso de agua y mamá pelaba papas. El diario estaba doblado en cuatro sobre una silla. Vi unas letras grandes y negras. No me interesa saber qué pasa.

12 de Junio

El camino hacia el pueblo es de dos kilómetros. Se hace en bicicleta en menos de diez minutos. Al salir de la casa al patio y atravesar las paredes que rodean la propiedad siempre pienso que tal vez ésa sea la última vez en que voy al pueblo en bicicleta y un escalofrío me recorre el cuerpo, a pesar del calor. En el trayecto se me aparecen, a la vuelta de cada recodo, las casas familiares, que he visto una y otra vez desde que soy niño, y nunca dejan de llamarme la atención. Las viejas casas de piedra, con inscripciones talladas hace tantísimos años, se van mezclando con las nuevas casas, con techos de teja a dos aguas, de paredes lisas y blanqueadas hace poco.
El muro oscuro del cementerio parroquial, que linda con un campo de fresas, se ha llenado de cruces y palabras que profanan su espiritualidad. El mundo de los vivos atormenta la paz de los muertos.
Los huertos pegados a las casas, con sus árboles frutales cargados, bañan con una sombra fresca algunos breves tramos del camino. El viejo muro romano de la casa del señor Ganglbauer invita a ser tocado con las palmas de las manos para percibir, a través del abismo de siglos, las palmas de las manos de los que apoyaron su cansancio en él. La antigua guerra vuelve a mí, una y otra vez, con diferente aspecto, pese al esfuerzo que hago por evitarla.
En la tienda compré una cajita de plumas multifold número 348, marca Gilbert & Blanzy-Poure, que son las mejores que conozco. Noté que eran las últimas que el señor Brauchitsch tenía. Me entregó las plumas francesas con un gesto turbio, que mezclaba odio y melancolía. Como un hombre despidiéndose para siempre de una vieja amante.

14 de Junio

A la hora del café tío Ignatius ha estado hablando de la situación en Polonia. Hice lo posible para no escucharlo, cosa que fue imposible. Tío Ignatius se parece a un científico implacable que sólo sabe de su especialidad y pretende desplazar su saber a cualquier ámbito, incluso a aquel del que no sabe nada. Preferí no contestar las insensateces que dijo. Mamá levantó la mesa en silencio. Noté que estaba triste.
Ahora, en la noche cerrada, siento el bochorno del día descolgarse desde el techo. Un sonido crepitante de insectos sube desde el huerto. Desde lo alto puedo ver las vías del tren, las figuras monstruosas que la oscuridad dibuja en los campos, una vaca abandonada pastando bajo la luna. La pluma nueva se desliza con suavidad y me incita a escribir lo que no es.

17 de junio

La noche es un ruido inmenso de vegetales que crecen. La lluvia trajo algo de frescura y alivio para las plantas. Hoy he visto a Ilse después de muchos días. Estaba hermosa. Hablamos un rato largo debajo del sauce. Ella tiene planes para nuestro futuro. Suavemente, sin contradecirla, traté de hacerle ver que el porvenir sólo presagia desgracias, y que sería lógico no hacer planes descabellados. No quiso escucharme. Las mujeres tienen la fuerza de la utopía, atraviesan la adversidad llevadas por esa energía ciega que no se apoya en las cosas. A veces me hace bien escucharla e imaginar que el futuro no va a ser como parece. La besé y el olor de la savia se mezcló con el perfume de Ilse. Después la acompañé hasta el pueblo adonde tenía que ir por unos asuntos de su padre. La dejé en la puerta de la escribanía y cuando me estaba por subir a la bicicleta me detuvo la voz de Ernest llamándome. Charlamos de trivialidades un rato, me hizo algunos chistes sobre Ilse, y de pronto se quedó callado, se mordió el labio inferior con rabia y sus ojos se volvieron brillantes. Recibí el telegrama, me dijo finalmente. Sacó del bolsillo del pantalón un bollo de papel que me puso entre las manos, como si fuera una brasa ardiendo. Al abrirlo el águila desplegó sus alas terribles y ya no tuve que leer las palabras secas y terminantes. Doblé el papel y se lo devolví. Nos abrazamos con intensidad. Conozco a Ernest desde que tengo memoria. Tal vez no lo vuelva a ver más.

15 de junio

Me pregunto para qué escribo esto. No lo sé. No tiene importancia. No importa.

miércoles, noviembre 11, 2009

Versión japonesa (luego transcripta anónimamente al castellano) de “El cielo del invierno”, del poeta coreano Yong-Tae Min



[Hecha por el insigne Fok-Hiu en una noche de verano, lo cual explica ciertas desviaciones usuales (atribuidas falsamente por ciertos terroristas del erotismo de barricada al uso de drogas) del impertérrito poeta que nos sirve de faro y guía.]

y dice:


en mis mil corazones limpié
las bellas pestañas de mi amada
con más de mil noches de sueño

transplantadas al cielo
las reconoció el pájaro barcino
que atravesaba el cielo del invierno

el pájaro va dando vueltas
imita en su vuelo las curvas
rojo el sueño rojo el cielo

sólo en sueños el amor es posible
a través de pestañas
y pájaros–dragones insensibles

miércoles, octubre 14, 2009

Todo lo que es conciente se degrada



la luna química
los ríos lentos
las catedrales ínfimas
los dulces pensamientos

los pensamientos amargos
los ojos resplandecientes
los dichosos estragos
la noche concupiscente

mañana en el patio
parpadeante el cielo
rectangular, organizado, paranoico
veremos tus labios
desdeñosos perfeccionar
pequeñas nadas
decir las palabras
que se devora el suelo

(con collares de islas, techos, ungüentos
y vaquitas de sanantonio
que juegan sube y baja en tus pendientes)

hombres vestidos con bolsas de nailon verde
y carteles rojos de peligro
son los cancerberos de los basurales
donde el día se degrada

corto mano corto fierro

viernes, septiembre 25, 2009

De omni re scibili (et quibusdam aliis)




Los ataúdes voladores

entre los escombros despeinados
los ataúdes voladores
juegan a la calesita
se dan besos mortíferos

en el estuche de la lluvia
los ataúdes voladores
destilan braseros fríos

grandísimos enemigos del agua
vuelan y aún de alivio no carecen
en el pavor del espero

ya que el tiempo es llegado
saco la sortija
y me subo

en sepia


“Pensar ya no es otra cosa
que estar a cada instante pendiente de si se
puede pensar.”

protocia

En 1637, el señor John Innys fundó en Londres un organismo bautizado The Office of Intelligence.


Retrato de escritor

El dedo índice apoyado en la sien, cerca del ojo, el pulgar, abierto, sosteniendo levemente el mentón, los dedos interiores recogidos en la mejilla, cerca de la comisura de los labios, semejando el conjunto un revólver que apunta a la sien. O, más modestamente, como señalando la propia, inmensa, apabullante, espectacular inteligencia.

veintinueve

llega tarde en la noche
borracho a la casa
busca las llaves
en el bolsillo
encuentra un encendedor
que no abre la puerta
incendia la casa

cuatrocientosetentaydos

mujer uno
hombre dos
entre uno y dos
infinitos puntos
y una correa

menosdiez

debajo de los pilotes de una casa
un carrito de bebé arrumbado
en la noche de lucy en el sielo de diamantes
cuerpoatierra que es barro por la lluvia
saco fotos al fantasma de un bebé
inexistente

jueves, septiembre 17, 2009

Sintaxis, hipotaxis, parataxis




Nuestra querida presidenta, la doctora Cristina Fernández de Kirchner, concurrió dos veces en este año a la institución pública donde revisto como supernumerario.
Veo, muy tarde en la noche, las imágenes que transmite un canal de noticias sobre la última visita. La presidenta en primer plano haciendo una serie de gestos optimistas y congratulatorios mientras un par de supernumerarios se mueven dentro del laboratorio como si estuvieran en el stand de una feria de ciencias de escuela secundaria.
El más joven, azorado, parece explicar algo que la señora presidenta simula entender. Más atrás, casi fuera de foco, el otro supernumerario manipula ante las cámaras una serie de artefactos que han costado un dineral, y seguramente serán empleados con fines extremadamente beneficiosos para nuestra patria.
Me fijo un poco mejor: las gafas, el bigote setentista, la postura, los movimientos del manipulador de esa aparatología presuntamente innovadora, me son conocidos. Sí, reconozco a ese técnico, pero hay un detalle que no puedo precisar y que me lo vuelve borroso y levemente siniestro.
Ahora sí, después de unos breves segundos reconozco ese jirón irreal que me vuelve extraño a este conocido: se ha teñido el pelo para la ocasión.

En el mismo canal, unos minutos después, veo en vivo la intervención de Morgado durante el “debate” de la ley de servicios de comunicación audiovisual. Cita a Bourdieu, que no por nada porta a dios en su apellido, señala la presencia de medios audiovisuales en el mismo instante en que se está discutiendo los modos de existencia que tendrá en el futuro, se vuelve a sí mismo una mera instancia de recursividad imaginaria (“…si se emplean unos minutos tan valiosos para decir unas cosas tan fútiles, tiene que ser porque esas cosas fútiles son, en realidad, muy importantes en la medida en que ocultan cosas valiosas.”, cita C.M.).
La cámara, otra cámara, en realidad, se aplica a transmitirnos, obviamente a instancias del director del show televisivo, a una señora sentada en una banca de diputado mientras Morgado desparrama ironías que nadie escucha. Debemos presumir, por tanto, que esa señora aburrida, desaprensiva y teñida de un rubio ultraterreno, es una diputada electa. Está aplicada con una intensidad escalofriante a jugar con su teléfono celular. Volvemos a estudios: dos zombies infradotados regurgitan obviedades que deben leer de sus apuntes.

Es fama que Sulaimán, luego de entrar por la fuerza en Constantinopla, se dirigió inmediatamente a la iglesia de Hagia Sophia, suspiró y decidió transformarla inmediatamente en una mezquita.
Sin suspirar, Kemal Atartuk la transformó en museo el 1º de Febrero de 1935.

Mi férvido magín me inclina a la percepción de que los tres acontecimientos están relacionados por similares acontecimientos procedimentales.

martes, septiembre 08, 2009

Después de la ardilla



En el mismo momento en que el subte arranca de Retiro pienso que no voy a llegar con vida a Avenida de Mayo. El acordeón que une y separa vagones respira entre dos guillotinas aleatorias por sobre las que una mujer hace caminar a una niña tambaleante de tres años, más o menos, que además arrastra una maléfica mochila rodante rosa.
Las palpitaciones, que recién ahora se hacen presentes, van subiendo de intensidad: ya llega el momento en el que se fantasea que las personas circundantes van a escuchar la grave rítmica de nuestro corazón. La niña, contra todo pronóstico, ya que en cierto instante interminable las guillotinas llegan apenas un suspiro después, perdiendo el ciego propósito de fetear esas ingenuas guillerminas número veintisiete, cruza indemne por entre una madeja de ocasiones impertinentes. No así el infierno rodante rosa.

(Del libro de cuentos La Torturadita)


Este es el preciso momento en que el gobierno empieza a delirar: cuando sus crasos eslóganes ya incatalogables se ornan con la retórica, las ínfulas y la oratoria más estereotípicas de lo que solemos llamar “derecha recalcitrante”. Lo cual es, sencillamente, uno de los mecanismos clásicos de ese ente metafísico llamado peronismo, justicialismo, o comoquiera que se los denomine o prefieran ser denominados.
Es llamativo, para mí, que este así llamado mecanismo, notoriamente, para mí, enfermo, se haya desplazado a lo largo de décadas, a la vista de todos sus adherentes sin que ninguno de ellos haya siquiera puesto en tela de juicio esta perversión que, para mí, vuelve traslúcidas las extravagantes, delictivas, estúpidas y finalmente asesinas acciones de los años en que fue gobierno esta entelequia denominada, o autodenominada, peronismo, justicialismo, o comoquiera que sean o deseen ser denominados esos caballeros.
Creo asimismo que la autodenominada Unión Cívica Radical, por ejemplo, no merece siquiera un razonamiento tan sofisticado, respecto del cual no reclamo autoría, desde luego.

(Del libro de poesía Poco y nada)

lunes, julio 06, 2009

seguidilla





dónde queda ese lugar
en el que llega la paz
que justifique
el tormento de hablar